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por Jaime Humberto Hermosillo
Ya en ocasiones anteriores me he declarado hijo de la Nueva Ola francesa. Me es grato reiterarlo con motivo del aniversario 50 de dicho movimiento fílmico.
En 1958, todavía en mi natal Aguascalientes, disfrazado de mayor edad con un bigote postizo y la complicidad de una amiga dispuesta a decir que yo era su marido, me topé con la Nueva Ola al ver Los amantes, de Louis Malle.
Recién llegado a la Ciudad de México, a finales de 1959 y principios de 1960, el impacto fue definitivo con Los cuatrocientos golpes de Francois Truffaut, Los primos de Claude Chabrol y Sin Aliento de Jean Luc Godard.
Tuvieron que pasar algunos años para que, siendo ya estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM y tras volver a ver Sin Aliento / A bout de soufflé, tomará yo aliento para emprender mi primer trabajo fílmico, Homesick, y lanzarme a las calles con mi recién adquirida Bolex de 16 mm, sin personal técnico, ni luces aunque fuera de noche, pues Godard nos había otorgado el (irrenunciable, digo yo) permiso de no anteponer la perfección técnica a los valores narrativos.
Añoro nuevos trabajos de Truffaut, Demy y otros cineastas franceses de esa época ya desaparecidos, cuya influencia sigue vigente. La inteligencia y creatividad de Godard, Chabrol, Resnais, Rohmer y Rivette siguen intactas; Agnés Varda nos pone el ejemplo de su vanguardismo al utilizar tan acertadamente el cine digital ¡Bravo por la Nueva Ola que no cesa! (…)
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Muy bien muchachitos. Gran esfuerzo el que han hecho en este blog.
ResponderEliminarSe les agradece mucho!
Liz Morales
Aplaudo la forma alterna de presentar la exposición, arriesgándose a lo que el profesor pudiera señalar lo que es cierto es que tenían a Sergio y eso ya es la mitad de garantía que el profesor lo iba a aceptar de buena manera.
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